sábado, 31 de julio de 2010

historia en construcción - escena # 2


Le dijo give me five y chocaron cinco. Ella notó el tamaño de su mano. Enorme. Evitó hacer cálculos mentales sobre proporcionalidades corporales. No era muy aficionada a esas gringadas pero la exposición a otras culturas la hacía permeable a tradiciones, usos y costumbres diferentes a los propios. Se consideraba cosmopolita, una ciudadana del mundo. Había vivido en los cinco continentes y regresado a Latinoamérica después de 20 años. Ahora trabajaba como consultora internacional y ganaba lo que le daba la gana. No tenía familia ni deseos de empezar una, ya pasaba los 40. Decidió bautizarlo como Maki Sapa o mano grande en Quechua, pero sólo se refería a él de esa manera mentalmente. No quería promover la familiaridad en el trato.

Maki Sapa era gracioso, como los monos. Parecía un orangután gigante cuando caminaba ligeramente inclinado hacia adelante con sus enormes brazos balanceándose a los lados del cuerpo. Tenía una sonrisa limpia, dientes perfectos. Podría haber sido un red neck, - fue el primero en tener pasaporte en su familia de agricultores -, pero era demasiado inquieto para corresponderse con ese estereotipo. También como los monos imitaba el comportamiento de los otros con una enorme facilidad, y así había logrado mimetizarse en ambientes de lo más diversos. Al igual que Laura, era un ciudadano del mundo. A diferencia de ella, más que tolerar, se involucraba culturalmente y personalmente con su entorno.

Ambos coincidieron en Colombia en momentos clave de sus vidas. Ella había sido contratada por el entrante alcalde de Lima, una joven promesa política que apostaba por un cambio cultural antes que por seguir llenando la caótica ciudad de cemento. La contactó a través de la universidad a donde ella había sido invitada a dictar una conferencia sobre cultura ciudadana y redes sociales. El parecía un estudiante más, así que cuando la abordó a la salida, ella lo trató como a uno de sus alumnos. Sólo dos meses después se enteraría que ese joven desaliñado pero guapísimo ocupaba ahora el sillón de la Alcaldía de Lima. Se enteró por Internet, estando aun en Afganistán, asesorando a los gringos acerca de estrategias de cambio de comportamiento en sociedades con presencia de narcotráfico. También por Internet recibió la invitación del flamante alcalde para regresar a Perú y asesorarlo personalmente en el tema que ella dominaba, “ciudades que educan”. Por eso la envió a Medellín, en una pasantía de dos semanas, para fortalecer la red de contactos que ambos manejarían con esa ciudad durante la gestión municipal.

Maki Sapa estaba de salida en Colombia. Llegó como consultor en alianzas público –privadas contratado por la Alcaldía de Medellín hacía 8 años y se había quedado a vivir todo el proceso de despegue de la ciudad, al que había aportado muchísimo, pasando por diferentes trabajos en el sector público y privado. Era casi "paisa", casado con colombiana y padre de mellizas. Acababa de iniciar los trámites de divorcio y quizá por eso, ella notaba que a pesar de todas sus bromas, había algo encharcado en el fondo de sus ojos.

Durante la inauguración de la nueva sede el Museo de Arte de Medellín, Laura estaba particularmente arreglada. El alcalde de Lima era el invitado de honor de su par en Medellín, no tanto por su record político, ya que podría ser considerado un outsider, sino porque parte de su última colección se exhibiría allí. El alcalde era un artista, pero un artista que decidió desde la escuela “desenclaustrar” el arte y reivindicar el sello de lo popular. Era así como jugando que había iniciado su campaña pintando grafittis con los pandilleros de Lima, a muchos de los cuales había reencausado hacia una vida positiva motivada por la creación y la libertad del color y de la forma.

Laura sabía que estaba jugando con fuego. Percibía la admiración que despertaba en el muchacho y aunque siempre había tenido por norma no involucrarse con gente de su entorno laboral, había decidido que el azar dominara esa noche. Se dejaría llevar. Fue en ese mood que conoció a Maki Sapa, emanando esas vibraciones dirigidas a otro pero que el gringo supo interceptar al primer eye contact. ¿ Peruana? la abordó. Ella hizo una mueca que no llegaba a sonrisa. Peruana, estoy seguro, y también limeña.
¿Y por qué está tan seguro el señor? Sin poder contenerse replicó. El gringo la miró fijamente a los ojos y completó la sentencia: Limeña…pero con muchos años vividos fuera…

De esa forma iniciaron una conversación que llevaría el cauce de la noche por caminos insospechados, y que se prolongaría en una intensa relación durante los primeros meses de gestión del novel alcalde. Laura se encargó de reclutarlo para el equipo de asesores y así Maki Sapa viajó a Lima para ser parte de un peligroso triángulo político-amoroso.

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