sábado, 31 de julio de 2010

historia en construcción - escena # 1


La adolescente desnuda con las piernas entreabiertas en actitud de auto-contemplación capturó la mirada de Laura y casi la dejó sin aliento. Alguna vez en sus clases de danza moderna la profesora le había hecho notar de su postura, tan suelta de brazos y tan ajustada de piernas. Es que las niñas bien nunca se sientan con las piernas separadas, era la monserga de las “misses” y de las monjas en el colegio. Tanto había calado la consigna en la responsable niña que aun tomando conciencia de su corporalidad debía luchar para deshacerse de ese calzón de castidad imaginario que una rigurosa educación católica le había impuesto durante 12 largos años. ¿Sería que Debora Arango conservaría también algún tipo de aversión a soltar los muslos y espaciar las rodillas? La respuesta la encontró en la mujer de al lado, con las rodillas formando un ángulo de casi 180 grados y en actitud desafiante, como retando a quién se atreviera a pasar esa frontera que tan celosamente se guarda o tan desesperadamente se ofrece, según sea el caso.
“Debora Arango es la expresión de la rebeldía y la liberación por el arte”, oyó decir a Diego como quien dicta cátedra de arte y de moralidad contemporánea. Ninguna mujer como ella para deshacerse de los tabúes y prejuicios de la época, y para enfrentarlos con rigor artístico, mira esos desnudos, el estudio de la anatomía femenina es de una exquisitez y a la vez de una desfachatez que sobrecogen. No lo dudo, dijo Laura en voz inusualmente baja. Pero lo que más me impresiona no son los desnudos por los desnudos, sino su capacidad de enfrentar la desnudez con tanto desparpajo, esa mujer debe haber sido muy conocedora de su propia naturaleza y no dudo que el camino de l descubrimiento lo haya iniciado en su propio cuerpo, eso es lo que me emociona, su capacidad de autoexploración haciendo frente al sentimiento de culpa que nos clavaban a las mujeres latinas desde la cuna.
Me parece que la señora está extrapolando sus propios sentimientos a la pintora y eso, aunque válido desde un punto de vista terapéutico, no me parece justo desde una perspectiva artística . Estás siendo muy subjetiva mi querida Laura. ¿Por qué asumes que la talentosa Debora deba cargar las mismas taras de la educación clásica y conservadora de la sociedad limeña? No lo asumo, simplemente es una deducción que saco a partir de sus datos biográficos, ¿o me vas a decir que la sociedad antioqueña de mediados del siglo pasado era el ejemplo de liberalidad y vanguardismo? Se apresuró a elucubrar Laura. Liberalidad no, pero vanguardismo sí, mi deliciosa Laura, o cómo explicas la obra de esta mujer, acaso podrías encontrar un paralelo en tu querida Lima de aquellos años?
¿Mi querida Lima? Tu querida Lima deberías decir, ¿acaso no eres el alcalde de esa horrible y monstruosa ciudad? No sabes cómo me irritas con ese tono de sabiondo, además, qué hay de malo en ser subjetiva, ¿acaso la apreciación del arte no es subjetiva por naturaleza? En eso definitivamente estamos de acuerdo, respondió Diego en tono condescendiente. Simplemente no hay que perder conciencia de ello para poder mantener la perspectiva. Te prefiero sabiondo a condescendiente sabes, no tienes que tratarme como una inválida intelectual.
Parece que la señora está sensible esta noche. La dejo para que pueda seguir disfrutando de la velada sin las impertinencias de este sabiondo condescendiente. Con permiso.
Laura volvió a llevar la mirada hacia la adolescente. Clavó los ojos justo en el punto donde la iluminación ponía el énfasis, la entrepierna. Luego cerró los ojos y aflojó las piernas, se estremeció. Cedió a la sensación que el champagne empezaba a producir en ella. Acababa de espantar a su presa y debía alejar a la frustración. Fue allí en que el gringo entró en escena.

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