
Maki Sapa casi le doblaba la edad a Diego. A pesar de ello, o quizá por eso, congeniaron desde el primer momento. Diego fue un adulto precoz y Maki Sapa era un adolescente eterno. Su mayor diferencia la marcaban los años, en todo lo demás eran muy parecidos. Ambos se bebían al mundo de un trago, ambos regalaban abrazos y sonrisas a quien quisiera recibirlos, estando en campaña o fuera de ella. Eran de esos a los que se llama “people person”. Ninguno era un macho alfa, de serlo, Laura no los hubiera tolerado ni ellos hubieran aceptado - tácitamente - compartirla.
La noche del museo ambos fueron presentados por el Alcalde de Medellín y ninguno de los dos se sorprendió de la familiaridad con que el otro trataba a Laura, uno acabándola de conocer y el otro, persiguiéndola desde hace un año.
Querida Laura, ¿cómo crees que sería recibida una exposición de Luis Caballero en Lima? Diego lanzó la pregunta con toda intencionalidad buscando una sobre-reacción. Sabía que Laura abrazaba fervientemente la causa del amor homosexual, y quería ahondar en las razones de esa vehemencia y quizá despejar sospechas sobre sus preferencias sexuales. Laura fue cauta. Querido Diego, para asesora cultural no he sido contratada, creo que deberías hacerle esa pregunta a otra persona, pero si gustas puedo hacer las coordinaciones entre el Director del MALI y el del MAMM. No busco una respuesta técnica querida, sino una intuitiva, es que te vi tan ensimismada contemplando su obra que pensé que te suscitaría alguna opinión, así como la de Arango. Laura se incomodó y Diego lo notó. Aun así insistió, le fascinaba provocarla para luego contemplar como ella hacía gala de todos susrecursos para salir airosa de situaciones difíciles. El arte no era la especialidad de Laura, y aunque su sensibilidad exacerbada y solidez intelectual le permitían emitir opinión sobre diversos temas con soltura, detestaba sentirse bajo escrutinio. Maki Sapa contemplaba la escena fascinado. Estaba a punto de intervenir para salvar la situación, y aunque tampoco el arte era su fuerte, conocía de la obra de Luis Caballero por su ex - mujer. Durante una época de vacas flacas, ella había incursionado en la venta de obras de arte, experiencia que nos les traería muy buenos recuerdos y que en última instancia había sido la detonante del divorcio. Qué coincidencia pensó Maki Sapa en voz alta, encontrarme con esta muestra hoy. Cómo dice el señor? Inquirió Laura, buscando una tabla de salvación. Perdón, no quería interrumpir el debate. Qué ocurrencia, ningún debate porque no tengo nada que decir. Qué raro mi querida Laura, tú sin nada qué decir, insistió Diego. Vea amigo, dijo dirigiéndose a Maki Sapa, esta noche mi querida Laura me ha sorprendido emitiendo opiniones tan firmes como informadas sobre la pintura de Deborah Arango, sin embargo, ahora que le pregunto cómo anticiparía ella la reacción del público limeño frente a la obra de Luis Caballero, no arriesga opinión alguna. Entiendo a la señora, dijo Maki Sapa, mirando a Laura. Uy señor, dijo Diego, no le recomiendo usar la condescendencia con ella, le puede ir muy mal. Esta vez la que observaba era Laura, feliz en el fondo de ser el centro de la conversación. En absoluto, condescendencia ninguna, simplemente creo que la señora teme dejar traslucir algunas emociones frente a usted. Laura paró a un mozo y pidió que le llenaran la copa de champán. Siguió observando cómo la observaban. Sintió que era desnudada por dos hombres al mismo tiempo. Respiró profundo y dejó seguir el curso de la conversación. Habló Maki Sapa: Luis Caballero no es un artista fácil. El sólo hecho de mirar su obra demanda un compromiso. No hay lugar para la observación neutral con Caballero. Al margen del juicio favorable o desfavorable que puedan generar sus imágenes, ninguna persona que se acerque a ellas puede permanecer indiferente. Caballero en su intensidad, demanda intensidad, y el ejercicio de elaborar opinión sobre él puede ser muy agotador. A Caballero se le siente con las tripas, al menos así lo sienten los colombianos. No dudo que la reacción del público limeño será igual de intensa, para bien o para mal. Podrán amarlo u odiarlo, lo más seguro es que ambas cosas al mismo tiempo, pero jamás la indiferencia.
Mire usted, y Laura que me sugería consultar con los directores de los museos, creo que eso ya no será necesario, su opinión me basta y me sobra. Quiero una exhibición de Caballero en Lima. Y como un niño que desea un juguete nuevo y se lo deja saber a sus padres, Diego dio media vuelta a seguir contemplando la obra del bogotano.
Le agradezco, dijo Laura mirando a Maki Sapa directamente a los ojos. Hoy Diego ha estado particularmente inoportuno y hoy usted ha sido mi caballero andante. Pues usted no tiene para nada el aspecto de una damisela en peligro. Diga entonces el señor cuál es el aspecto que tengo, retrucó Laura reconociendo esa voz interior que se le escapaba de control cuando el champán había obrado más de la cuenta. Creo que usted me está produciendo el mismo efecto que la obra de Caballero y deberé pedirle disculpas anticipadas por cualquier opinión que emita a partir de este momento. Tan mal me veo? Terriblemente mal, dijo Maki Sapa, terriblemente mal, repitió…tan mal que necesita que alguien la vuelva a dibujar todita de nuevo. Laura enmudeció, se bebió el resto del champán de un trago y luego, soltó la carcajada justo cuando Maki Sapa lo que anticipaba era una cachetada. Ambos rieron de buena gana largamente, recorriendo los desnudos intensamente dolientes y hermosos que Caballero pintó de su amante muerto, cuando permaneció encerrado en el cuarto de un hotel por una semana embriagado por el alcohol, la desesperación y el dolor.
Le puedo confesar algo señor? Para confesiones estoy más que listo con usted Laura, dijo Maki Sapa, haciendo gala de un hermoso español aprendido de los colombianos, cuyo acento imitaba casi a la perfección. Pues le confieso que tengo muchas ganas de que me vuelvan a pintar.
